Viernes 12 de mayo de 2017, 11:32 horas de la mañana, Madrid. Comienza a sonar mi teléfono móvil, en la pantalla el nombre de un buen amigo, respondo la llamada, él con voz preocupada me dice que está siendo víctima de un ciber-ataque, ya ha reiniciado dos veces los servidores VPS (Virtual Private Server) de su empresa, ha tratado de recuperar los «snapshots» de sistema, pero todo sigue igual, una situación incontrolada que ha dejado sin servicio a su empresa. Llamo al ingeniero responsable de sistemas, me comenta que no sabe lo que ocurre, pero que todos sus servidores VPS están comprometidos, los cores del sistema están al 100% de rendimiento, cuando no tendrían que superar el 20%, la tasa de transferencia de red contratada ya hace horas que fue sobrepasada, la páginas web de la empresa están caídas, algunas de ellas simplemente no cargan, otras redireccionan automáticamente a webs que nada tienen que ver con la empresa. Después de una larga conversación con el responsable de sistemas, llegamos a la conclusión que el vector de entrada ha sido un plugin de un CMS que tenían instalado en todos los VPS, a través del cual se podía tomar el control de las máquinas, ahora les queda una larga tarea de análisis de código afectado y bastionado del sistema para que esto no les vuelva a ocurrir. Fin.

Fig 1. htop en Linux
Sábado 13 de mayo de 2017, 13:00 horas, mi casa. El IDS (Sistema de Detección de Intrusos) que tengo instalado, comienza a detectar tráfico malicioso en una de las VLAN de casa, más concretamente la VLAN correspondiente a la red WiFi, Dirección IP de origen: 172.30.2.25, o lo que es lo mismo, la dirección IP que el servidor DHCP le había asignado al portátil de un amigo que estaba en casa tomando un café. Con razón me decía que el portátil le iba lento y le duraba poco la batería, lo que me sorprende es que todavía le siguiera funcionando con lo que después vimos que tenía instalado. Fin.
Sábado 13 de mayo de 2017, 22:00 horas, un restaurante cualquiera. Un familiar me llama por qué su teléfono móvil comenzó a vibrar sin parar, al tiempo que le aparecía un mensaje por pantalla en el que le advertía que tenía que instalar un antivirus en su móvil, o si no un virus lo iba a infectar. Tan pronto pulsó el botón de «Instalar Antivirus», el teléfono se apagó para no volver a encender nunca más. Fin. Seguir leyendo





