Estamos en pleno mes de agosto, medio país de vacaciones, otros esperando a que nos lleguen, pero todos pasando calor. Hace unos días los termómetros marcaban más de 40 grados a la sombra, 48 grados en algunos puntos de España. Los afortunados pudisteis pasar esa ola de calor a remojo en piscinas, ríos y playas, con vuestros mojitos, horchatas y refrescos, otros nos conformamos con poder tomar un rico café con leche y hielo a media tarde para poder estar fresquitos, aunque lo mas importante es mantenerse hidratado y evitar realizar en la horas centrales del día tareas que requieran un gran esfuerzo físico. Con estos simple consejos evitaremos sufrir un desfallecimiento o golpe de calor. Pero… ¿y lo servidores?, ¿qué ocurre con los servidores, ordenadores, centros de procesos de datos en pleno mes de agosto?, ¿también pueden aplicar estos consejos? La respuesta a esta última pregunta es sí, pero de una forma un tanto distinta que explicaré ahora.

Fig.1 “¿Es que nadie va a pensar en los servidores?” – 16 de marzo de 1997, Helen Lovejoy.
Lo que ocurre con servidores, ordenadores y centros de procesos de datos (datacenters) en los meses de verano, es que se calientan y mucho. Que un servidor se caliente un par de grados más en verano que en invierno, no tiene mayor importancia. El problema es cuando estos servidores o centros de procesos se calientan tanto que llegan al punto en el que los equipos se apagan automáticamente por seguridad y así evitar males mayores. Si lo que tenemos es un servidor o un par de ellos a nivel domestico, poco más podemos hacer que mantener el aire acondicionado de la habitación encendido continuamente. El problema viene, cuando lo que tenemos es un centro de proceso de datos (CPD: sala habilitada para mantener un gran números de equipos informáticos en las condiciones técnicas adecuadas) y falla el sistema de climatización de nuestro CPD. Si falla en invierno, el problema no es tan grave, pero como sabéis esto es informática, y en informática Murphy nunca anda lejos, así que si un sistema de climatización puede fallar, lo hará en pleno verano cuando las temperaturas exteriores sean máximas y la mitad del personal de TI se encuentre de vacaciones a cientos de Kilómetros del CPD. – ¿Qué podemos hacer nosotros para evitar que el sistema de climatización de nuestro CPD nunca falle?. – Pues poco más que cumplir con el mantenimiento de los equipos y no sobrecargar un sistema mal dimensionado.
Aunque lo más importante es que si falla el sistema de climatización o simplemente pierde potencia, podamos detectar la subida de temperatura a tiempo y así poder actuar en consecuencia antes de que sea demasiado tarde: por ejemplo, apagando los sistemas no críticos en primer lugar, para que no sigan calentando el aire del resto de la sala, tratando de refrigerar la sala por otros medios o sirviéndole un rico café con hielo bien frío a nuestra querida EVA (Enterprise Virtual Array). Lo de poder actuar a tiempo, no siempre es fácil. Si el sistema de climatización falla y nuestro CPD no cuenta con islas (pasillos fríos y calientes), si no que es un sala diáfana de armarios y no muy alta, la temperatura puede subir 10 grados en menos de 10 minutos, lo que significa que si la temperatura ambiente era de 25 grados (lo de tener los CPD a 20-22 grados ya no se lleva 😉 ), en diez minutos, la temperatura ambiente estará en 35 grados y el interior de las máquinas tranquilamente por encima de los 70 grados, y solo hay que esperar un poco más para que lleguen a un temperatura critica y se apaguen automáticamente, con todos los problemas que esto conlleva.

Fig.2 CPD distribuido en islas: pasillo caliente, pasillo frío.
En el mercado existen soluciones de sondas de medición para controlar la temperatura de nuestras salas de ordenadores (CPD) que no solo miden y registran las temperaturas, si no que son capaces de enviar notificaciones con alertas en caso de que surja alguna incidencia con la temperatura del CPD para que los técnicos puedan actuar en consecuencia sin perder un segundo. No es lo mismo estar controlando la temperatura de los CPUs, GPUs, HDs, Fuentes de Alimentación internas de los servidores… que del ambiente del CPD, ya que si controlamos la temperatura ambiente del CPD nos podemos adelantar a la detección que puedan hacer las sondas internas de los distintos equipos: servidores, switches, router… El problema que estas sondas comerciales suelen tener unos precios bastante elevados, que no caros, ya que son equipos suficientemente probados y construidos de tal manera que su fiabilidad y resistencia están más que demostrada y certificada.
Hoy os voy a explicar como montar una estación de control de temperatura y humedad para nuestros CPD, domicilios, habitaciones… con visualización de alertas web, gráficas de rendimiento, así como con un sistema online de alertas y comunicación vía Telegram con solicitud de datos, todo ello por tan solo 20€, que es lo que cuesta una Raspberry Pi A. Si, la RPi A de hace 5 años, la que traía salida de vídeo RCA, 2 USB y solo consumía 500mA. Realmente con una RPi A nos sobra para los que vamos a hacer, eso sí, si tenéis una RPi v2 o una v3 lógicamente también os servirá. También necesitaremos una sonda DHT11 analógica, recomiendo comprar el modelo que incluye PCB, el de tres pines ya trae la resistencia integrada. También podemos utilizar el modelo DHT22 que es un poco mas potente que el 11. El funcionamiento del sensor de temperatura y humedad DHT11 es muy simple: cuando recibe el orden de realizar una medición, devuelve un valor digital de 40 bits de datos: 8 primeros bits, el valor entero de la humedad, los segundos 8 bits, valor decimal de la humedad, terceros 8 bits valor entero de la temperatura, cuartos 8 bits, valor decimal de la temperatura, quinto y ultimo grupo de 8 bits, suma de verificación de los cuatro anteriores para comprobar que los datos entregados no están corruptos.
Así es como quedaría el sensor integrado en la RPi A de una forma un tanto “artesanal”:

Fig.3 Raspberry Pi A + Sensor DHT11.

Fig.4 Si, es una manguera de regar y dos tacos de clavar en la pared.




Fig 2. Pote de aguardiente gallego